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VERDADES COMO PUÑOS

"Nulla aesthetica sine ethica. Ergo apaga y vámonos" (No hay éstética sin ética). JOSÉ MARÍA VALVERDE.


jueves, 17 de mayo de 2012

Héroes y villanos (3:07:46)

(34ª Marató de Barcelona, 42,195 km, 25.03.2012)


Estoy en el cajón de salida de esta que será mi octava maratón. Según una exhaustiva hoja de cálculo que mencioné en su día, en la que analizo un sinfín de predictores de marca de maratón en función de resultados recientes en Media Maratón y 10.000 m, me cabría esperar una marca ligeramente por debajo de 3:07:00. Pero ya tengo decidido intentar 3:03:30. Es un bonito número, y no me gusta resignarme a tener como objetivo una marca inferior a la que acredito (3:03:47). Por cierto, se nota que este año la participación es enorme (más de 19.000 inscritos, de los que acabamos 16.013) porque en el metro hemos venido como sardinas. Realmente peor, porque como diría un castizo, las sardinas van acostadas y nosotros de pie.


En el primer cajón de salida, cerca del centro de la imagen
En la salida me encuentro con Enric Ribera, al que comunico mi objetivo y decidimos salir juntos. Para mí es una gran ayuda salir acompañado de alguien con tanta experiencia y calidad. De todas formas sé que nuestra excursión durará poco, porque Enric querrá tirar más fuerte. En efecto, cuando acabamos de pasar el km 3 Enric me sugiere seguir a un grupo del club Corredors.cat, que llevan un buen ritmo, pero declino la invitación.
Enric se va y yo llego al km 5 a un ritmo promedio de 4:20 el km, que es justamente el necesario para cumplir el objetivo. Puesto que el recorrido hasta aquí ha sido en subida, es un muy buen parcial.

A esta altura me encuentro a Klaus Calvo, otro excelente corredor de fondo que acredita en su currículum mi anhelado sub 3h. Me comenta que sale de una lesión importante, así que hará sólo 10 kms. Le dejo y pa’ lante me voy. Es una bajada hasta el km 10, que aprovecho como es mi costumbre. Firmo un parcial en los últimos 5 km a ritmo de 4:10, llegando en 42:31, con lo que ya tengo un colchoncito de tiempo, ya que proyectaba llegar en 43:20.

Hasta el km 14 es un tramo peligroso, porque transcurre en una zona llana, la Gran Vía, con bastante público (por ahí me anima Henar, que viene a ver a Gonzalo, del que hablaré después), por lo que hay que procurar mantener el control y no dejarse llevar por la euforia que se siente a estas alturas de carrera, momentos en los que uno se siente poco menos que un semidios, y fantasea con la posibilidad de pulverizar la propia marca. Lo malo es que el maratón empieza de verdad en km 32, al igual que la Champions League empieza en cuartos de final, hecho del que los seguidores del Real Madrid han empezado a darse cuenta la pasada temporada… (¡Uy, perdón , que la política de este blog es no hablar de fútbol!). Del 14 al 15 subidita por el Paseo de Gracia, y en llegando al 15 mantengo mi buen ritmo, he hecho los últimos 5 km a 4:19.


Poco después del km 16 recibo los ánimos de mi esposa e hijas, y después de pasar por la Sagrada Familia me adentro en uno de los tramos que menos me gustan de esta maratón de Barcelona, ascender por la Avenida Meridiana hasta llegar a la Media Maratón. Para rematar la jugada, hacia el km 18 empiezo a notar un roce de la camiseta en mi axila derecha. Es una camiseta ASICS Top Impact Line superligera, comodísima, que transpira a la perfección, no acumula sudor y que, en una palabra, es una virguería. Con ella corrí mi anterior maratón sin ningún problema, al contrario, agradecido por su liviandad. Pero todas estas bondades no quitan que haya que aplicarse vaselina en los lugares clave para evitar rozaduras, y es obvio que me la he aplicado mal. Por un instante pienso en la posibilidad de quitarme la camiseta, atármela a la cintura, y seguir con el torso al aire. Desisto de tal posibilidad, no quiero ir “indocumentado”, sin el dorsal a la vista. Así que se me ocurre una solución de emergencia. De momento, paso por el avituallamiento del km 20 y doy un par de manotazos para agarrar sobres de gel enérgético. La ansiedad me ha podido; he pillado como 8 sobres, suficientes para al menos una maratón más. Así que a algunos de los niños del público les obsequio con ellos. Otros los guardo de reserva. Ah, parcial realizado a ritmo de 4:16. Exagerado. Es ritmo de maratón en 3h, y encima con 2 kms de subida. Paso el medio maratón con el tiempazo de 1:30:16, cuando el objetivo era de hacerlo en 1:31:45.

 Y ahora toca entonar el “mea culpa” y reflexionar aquí en voz alta… En la maratón de Barcelona, suelo realizar bastante peor la segunda mitad que la primera; mi ritmo es entre un 4% y un 5% más lento. Esta caída la suelo achacar a la mayor dificultad de la segunda parte del trazado, porque en la maratón del Mediterráneo, completamente llana, apenas caigo un 1%; incluso en una ocasión logré correr la segunda media más rápido que la primera.

Después del km 16
Estos hechos me hacían pensar que en Barcelona necesitaba un colchoncito de tiempo en la primera media para compensar mi previsible caída en la segunda parte; pero después de esta maratón, mi quinta en BCN, creo que la lectura debe ser otra: mi rendimiento cae en la segunda mitad porque realizo la primera a un ritmo demasiado alto. Como pienso correr bastantes más maratones – de hecho confieso públicamente que mi objetivo es cumplir 100 años y correr una maratón a esa edad -, tengo tiempo para experimentar. Así que voy a prometer públicamente que en mi siguiente maratón en BCN correré hasta la media maratón al ritmo promedio objetivo, ni más, ni menos…

Ya estoy cerca del km 24, probablemente la parte menos atractiva del recorrido. Llana, pero con escaso atractivo visual y poco público. Toca hablar del público: este año se ha multiplicado. Claro, un corredor atrae a amigos, familiares… Y como en 4 años se ha duplicado el número de atletas, los espectadores se han multiplicado, además favorecidos por un bonito día, quizá excesivamente cálido (no lo digo como excusa). Lo malo es que el público se ha masificado, y ha llegado gente que no es del entorno habitual del atletismo. Ahora han llegado ya los empujones, las prisas, en ocasiones falta de educación, para conseguir un lugar privilegiado desde el que saludar a tu ser querido, ignorando que probablemente ese ser no aprobaría esa conducta, él no me empujaría jamás para abrirse paso en la carrera y sin embargo su hijo mayor sí se pone delante de mi hija pequeña, que había llegado antes , y le impide ver a su papi… Extraña es la gente que, con picarescas y argucias varias, pretende sacar con malas artes “ventaja” sobre los seguidores de otro corredor, porque paradójicamente van allí a vitorear nuestro esfuerzo, deportividad, disciplina, entrega…


Dicho esto, en el km 24 echo mano de la solución de emergencia que urdí hace kms: me aplico gel energético sobre las heridas de mi axila. Algo alivia, a cambio de “empastifarse”, es decir, pringarse la mano de ese material dulce y pegajoso. Se me pegan los dedos entre si, así que al llegar al km 25 me tiro todo el agua en la mano. Mi ritmo sigue siendo muy preciso en estos últimos 5 kms, he ido a 4:19. Ahora vamos a subir y bajar un tramo de la Diagonal. Habitualmente es aburrido, pero este año hay mucha animación y público, de manera que llegando al pico donde giramos 180º y emprendemos la bajada, la gente no cesa de aplaudir, vitorear, y se acerca a nosotros tanto o más que los espectadores de ciclismo en los puertos de montaña. Les hago gestos para que se aparten un poco, que están estrechando demasiado el circuito.

Llegamos al km 30, donde aprovecho para untarme la axila con tanta vaselina que si alguien hubiera intentado agarrarme, le hubiera sido mucho más sencillo cazar una anguila. A todo esto, me ha aparecido una ampolla en el pie derecho, a pesar de mis queridísimas y más que testadas zapatillas mixtas ASICS Sky-Speed, y unos calcetines técnicos de la misma marca. No he sido capaz de mantenerme en el ritmo requerido de 4:20, y me he ido a 4:24. En cualquier caso, mi tiempo es de 2:08:57, llevo 1:31 de colchón sobre mi objetivo. Lo malo de los colchones en maratón es que es difícil y costoso crearlos, y muy sencillo dilapidarlos… Ya en el km 31 soy consciente de que me estoy dando con el muro. Ese paseo litoral que siempre se me atraganta, me está castigando. La verdad es que intuía que algo no iba bien desde el km 25; me estaba resultando imposible seguir al ritmo de 4:20. Lo que ignoraba es que el golpe iba a ser tan duro…

Llegando
Así que del 31 al 35, llegando a la parte trasera del Parc de la Ciutadella, me quedo anclado en un ritmo cercano ya al 4:40. El parcial  es malo, pero aún permitiría conseguir el objetivo, ya que me quedan 25” de margen. Lo malo es que ya soy consciente de que me será imposible no ya remontar, sino siquiera mantener este ritmo penoso. Paso bajo el arco de triunfo con una sensación totalmente opuesta a la victoria (además luego supe que mis nenas estaban aquí para animarme y no me pudieron ver, qué pena). En otras ocasiones me funciona muy bien lo que me gusta llamar “switching”: consiste en reconocer con rápidez la evidencia de que el objetivo principal ya no es realizable. A continuación se elabora en segundos el “duelo psicológico” por el “fracaso” – entre muchas comillas, porque acabar un maratón jamás supondrá un fracaso, ni mucho menos - y, sin tiempo para lamentarse, se pasa al siguiente objetivo. En mi caso el segundo objetivo es la consecución de marca personal. En este caso sólo distaban 16”, así que hay que pasar a otro objetivo gratificante. Está claro: conseguir mi mejor marca en la maratón de Barcelona. Es 3:08:45, realizada el año pasado. Para lograrla aún tengo margen…
En estas estamos cuando recibo los ánimos de mi pupila Marta, que viene a animar a Ferran - del que también hablaré después - pero yo siento que me arrastro por el asfalto. Es curioso, miras tu cronómetro,  luego ves los videos y constantas que sí, que corrías; es más, un no-atleta igual se ahoga corriendo a esa velocidad durante 5 minutos. Pero tú sientes que tus pies apenas se levantan del suelo.


Penúltimo esfuerzo
Recién pasada la Plaza Catalunya alguien detrás de mí grita: “¡Toni! ¡Baltar!”, y hasta el día de hoy aún no se quién era. Se lo agradezco, porque sólo el público permitió mi llegada a meta sin dejar de correr. A esto que se ponen a mi altura dos viejos conocidos: Toni De Las Heras y Esteban Arauzo, haciendo el segundo de liebre del primero. Casi me enfado al ver a Toni, y le digo “¿tú que haces aquí?”, porque pensaba que en esta carrera iba a hacer su primer intento de sub 3h. No, se había marcado 3:05 como objetivo. Les pregunto a qué ritmo van, me dicen que a 4:30 y yo, mísero de mí, en tono lastimero me veo obligado a echarles y animarles a que continúen sin mí, que no puedo seguirles, que llevo un rato atrapado en un 4:45 que va a peor… Se adelantan. Finalmente Toni firma 3:04:54, que para ser su segunda maratón es una magnífica, excelente, marca ( su potencial actual lo taso en al menos 2:55, pero matemáticas y maratón, aunque me pese, a veces eligen caminos divergentes). Ah, el amigo Enric Ribera sufre un “murazo” similar al mío, y después de ir muy bien hasta poco antes del km 30, logra al final 3:04:23, lejos de sus marcas recientes alrededor de 2:55, pero muy buena teniendo en cuenta que venia tocado).

Toni De Las Heras
Llego al km 40, Colón, a un ritmo promedio de 4:55. Lamentable.  Y ahora viene una de las peores novedades del recorrido de este año: 2 km y 195 metros de interminable subida hasta la meta. A poco de iniciarla, noto un extraño pinchazo en el cuadríceps izquierdo. Esa sensación es nueva para mí. Siento una fuerte tentación de dejarlo todo, ponerme a caminar. Pero el público, maravilloso, me lleva adelante. Es tan emocionante escuchar como completos desconocidos gritan tu nombre y te dan ánimo: “¡Venga Antoni!”… Dan ganas de pararse y abrazar a esas personas que tan generosamente te prestan su aliento como si fueras su hermano o amigo de toda la vida. Por eso y mucho más, AMO EL MARATÓN.

Enric Ribera, en la recta de meta
Ahora sí que tengo la sensación de ir reptando, qué mal me siento. Me duelen las piernas, lo estoy pasando francamente mal. Ya no puedo ir ni a 5 el km. Me siento como si estuviera haciendo un trote de enfriamiento. Lento, cansado… No paran de adelantarme corredores, es un aluvión. Obviamente no los contaba, pero luego al ver la clasificación y los parciales compruebo que en escasos 2 kms y 195 m me han adelantado 84 atletas. Vamos, que cada 100 metros me han rebasado cuatro corredores. Penoso. Por si me lee algún profano, la pena no está, ni mucho menos, en perder posiciones en la clasificación. Lo terrible es la constatación de que tu ritmo se viene abajo, abajo…

Llego a la recta de meta, apenas 200 metros. Veo que conseguiré mi mini-objetivo de mejorar ese 3:08:45, pero me quedo con sensación amarga. Es otra de las villanías de este maratón. Aparece a mi lado, como salida de la nada, una corredora fresca como una lechuga, vestida de negro, y con unas orejitas postizas de conejo. Al ser una chica, me roba los ánimos del público, que se focalizan en ella. Seguramente no saben, como yo sospecho, que esa mujer no ha hecho el maratón ni de coña. Más cuando luego me dicen que ha entrado gente con dorsal en el metro de Arco de Triunfo, para aparecer probablemente en la meta, con esas orejitas. Orejitas que aparecen en otros tramos del maratón, llevadas por otras personas. Es cuando pienso que se pasan dorsales, se toman esto como un juego, y es cuando yo entro en meta exhausto, con cierta tristeza por no haber logrado mi objetivo, y con rabia porque compartiré mi imagen en la llegada con alguien que ha hecho de esto un juego burlón, cuando para mí el maratón es ahora mismo como una filosofía de vida. Por eso me esfuerzo lo necesario para que esa orejitas entre lo más alejada posible de mí.

Entrando en meta, a la izquierda. La "orejitas" detrás, a mi derecha
No me gusta ya el folklore en maratón. Que se disfrace la gente, bueno, si te empeñas… Pero eso de “maratón de relevos”, entrar y salir del metro, incorporarse por el morro en mitad del recorrido, y esa costumbre de entrar en meta con niños colgados del cuello o cogidos de la mano, cada vez me gusta menos. Puedo entender que se sienta el deseo de hacerlo – yo mismo he pasado por esa tentación, en la que no he caído -, pero eso es folklore, no atletismo. Seamos serios. Cada vez que somos cómplices de una demostración folklórica de esta índole, desprestigiamos lo que hacen aquellos que se lo toman – nos lo tomamos – en serio. Lo siento, pero a mí maldita la gracia que me hace entrar en meta destrozado, con un tiempo excelente para mi aún escasa veteranía pero avanzada edad para el deporte, y que salga a mi lado en la foto una tipeja disfrazada o una anciana que se ha empeñado en correr los últimos 50 metros de esta competición…

El Diploma
Cruzo la meta en 3:07:46. Ha sido mi mejor marca en Barcelona y mi segunda mejor marca personal. Sin embargo, sin duda ha sido la maratón en la que más he sufrido y en la que peor lo he pasado. Pero eso son reflexiones posteriores… Me abrazo con Toni y Esteban, al que tengo que pedirle que me abra la botella de isotónica porque no tengo fuerzas, y celebramos la marca de Toni y mi sub-marca. Acabar un maratón es una proeza. Hacerlo sin detenerse es una heroicidad, y en los tiempos en que lo hemos acabado, a nuestra edad, tan razonablemente cerca del 2:59:59, es una animalada. Somos héroes, coño. HÉROES. Querramos ser héroes, intentemos ser héroes y, no nos cabe otra, toleremos y soportemos a los villanos…


¡Susto al verme la camiseta ensangrentada! Por fortuna, no lo era; se trataba de Blood Orange de Powerade 

Epílogo: Mi colega Oriol Riba ha tenido la mala pata de sufrir una grave lesión, que le ha impedido finalizar la prueba, retirándose entre los kms 15 y 20. Han pasado casi 2 meses y sigue sin poder correr. Como David Rubio, que aún está en recuperación. Espero que pronto volváis al asfalto. Otra "cruz" en esta colección de monedas: el excepcional mediomaratoniano Marc Cornet, que en la 1/2 de BCN logró un magnífico 1:25:16, que debería permitirle maratón en menos de 3 horas, se ha de conformar con un sub 4h (3:59:48), y sus eternos problemas de calambres. Yo sufro con estas cosas, Marc. Cuando veo a quien tiene el potencial y la motivación para lograr una gran marca, y por circunstancias extrañas, no es posible. M'ofereixo a preparar-te jo personalment l'entrenament per la propera marató. Anem pel sub 3h! :-)

Marc Cornet

Las "caras" son: la primera para Gonzalo Dopereiro, que en su primera maratón logra 2:53:56. Excepcional. Venía con unos magníficos 1:24 en la media maratón inmediatamente anterior, pero por su inexperiencia en esta prueba yo hubiera apostado por una marca más modesta, entre 3:03 y 3:05. La marca es extraordinaria. ¡Mi enhorabuena, Gonzalo!

Gonzalo Dopereiro

La segunda "cara" para Ferran Moron, 3:41:04 en su primera maratón. Y antes de que me diera tiempo a escribir la crónica, ya ha corrido la segunda. Poc a poc, amic! :-)