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VERDADES COMO PUÑOS

"IF YOU ARE NEUTRAL IN SITUATIONS OF INJUSTICE, YOU HAVE CHOSEN THE SIDE OF THE OPPRESOR. If an elephant has its foot on the tail of a mouse and you say you are neutral, the mouse will not appreciate your neutrality " (SI ERES NEUTRAL ANTE SITUACIONES DE INJUSTICIA, HAS ELEGIDO EL BANDO DEL OPRESOR. Si un elefante pisa la cola de un ratón y dices que eres neutral, el ratón no apreciará tu neutralidad). DESMOND TUTU.


jueves, 18 de febrero de 2010

Sabor agridulce

(6 Mitja Marató de Barcelona. 14.02.2010. 21,0975 kms)




Salgo de mi casa en este gélido día de San Valentín, bien tapadito y escuchando el último trabajo de Sade, “Soldier of Love”, después de 10 años sin publicar ningún álbum nuevo. A cada nueva escucha diría que ganará en mi favor, pero en estos momentos pienso que es probablemente lo más flojo de la discografía de esta banda que toma su nombre de su cantante, la adorable nigeriana Helen Folasade Adu, poseedora de la Orden del Imperio Británico y de otro galardón aún más valioso: su dulce, aterciopelada y elegante voz. Es un buen álbum, pero el listón está demasiado alto…







… Sigo escuchando “Love de Luxe”, uno de mis álbumes favoritos, que contiene canciones eternas como “Kiss of Life”, “Cherish the Day”… Para entonces ya he dejado mis cosas en el guardarropa y he iniciado el calentamiento. Por Murphy, un día en que no me olvido nada – toalla, chancletas, calzoncillos… - no habrá servicio de duchas. Grrrr… Me cubro con mi habitual chubasquero Made in China que abandonaré poca antes de la salida e inicio mi trote suave. Serán suficientes 10 minutos, es una Media Maratón y hay que guardar fuerzas, no es necesario más. Me dirijo hacia mi cajón de salida, siendo de los primeros en llegar. Esta vez me ha sobrado tiempo para hacer todo lo necesario. El frío es intenso, calculo que 0º. Era lo que anunciaban las predicciones, y además está nevando suavemente. Unos copitos que caen muy lentamente, haciendo que a los corredores apiñados en la salida les salgan unas “canas”. Muchos han optado por taparse rigurosamente, con gorros, camisetas de manga larga y/o cortavientos, mallas, guantes… Yo para entrenarme si procuro ir bien abrigado, pero para competir prefiero libertad de movimientos, así que llevo mi habitual camiseta Adidas Techfit sin mangas, pantalones de atletismo y, eso sí, guantes, porque las blandas yemas de los dedos sí sufren el frío. Hoy me he calzado las Brooks Glycerin 7; las Saucony Ride 2 Pro/Grid tuvieron su oportunidad en la Media de Sitges.

Se da la salida y felicito mentalmente a la organización y los corredores; la gente ha respetado los cajones de salida, y como yo estoy situado en el segundo, de corredores con marca inferior a 1:30, – sin contar los atletas de élite - , se corre desde el principio a un ritmo vivo. Eso facilitará mi trabajo. Llego al primer km en 4’ 06”, como es habitual en mi primer km de competición, más de prisa de lo que pretendía – es que soy un caballo loco - , y decido aflojar ligeramente el ritmo. Mi objetivo hoy es intentar acercarme a la barrera del 1:28 y, si toda va bien, intentar derribarla. Mi mejor marca es 1:29:32, conseguida el año anterior en la misma competición. La estrategia teórica que seguiré para conseguir el objetivo será salir en los primeros 3 km a un ritmo de 4’ 15”, incrementar entonces a 4’ 13” para llegar al km 10 en poco más de 42’. A continuación, incrementar un poco más al ritmo a 4’ 11”, y tratar de hacer los últimos 3 km a 4’ 05”.





El objetivo es ambicioso, pues supone una rebaja de minuto y medio de la marca, pero me veo capaz porque he tenido muy buenas sensaciones en la última semana, realizando entrenamientos muy intensos, y sin embargo, con pulsaciones muy moderadas. Por ejemplo el martes pasado completé un entrenamiento magnífico. Pretendía hacer un par de kms de calentamiento, y luego correr 7 kms a un ritmo de 4’ 08”, lo que para mi supone un entrenamiento de “tempo”. Para el profano, se conoce como tempo a una carrera realizada a un ritmo exigente, en el que se está entre el 85% y el 90% de la frecuencia cardíaca máxima. El ritmo debe estar entre el previsto para competición de Media Maratón y una hipotética carrera de 12 km. Pues bien, me sentía tan cómodo que decidí “regalarme” 2 kms más. Y aún podía haber hecho con facilidad un décimo km, lo que equilvaldría a 10 km en 41’ 20”, que coincide con mi quinta mejor marca en competición.

Pero bueno, aquí estamos corriendo bajo esta suave nieve y un frío que, a esta velocidad, no se nota ni molesta; más bien estimula. El 2º y 3er km son complicados, con subidita poco pronunciada pero constante. Los cubro con parciales muy aceptables, 4’ 15” y 4’ 23”. Por aquí me encuentro a mi compi de gym Josep Mª, reportero de TV3. Su objetivo es bajar de 1:30, pero el mío es más ambicioso, y como mi último parcial ha sido algo flojo – motivido por la subida -, decido tirar un poco. con el 4 km, en bajada por las Ramblas, que realizo en 4’ 01”, bien. Hasta el km 5 habrá otra subida ligera, y llego en 4’ 21”. Avituallamiento. Para mi alegría, hay bebidas isotónicas. Esa es mi bebida habitual en las tiradas largas dominicales, importante sobre todo a partir del km 10, para ir reponiendo hidratos de carbono y minerales.

Una vez repuesto, encadeno una serie de muy buenos parciales, bastante más rápidos de lo que había previsto en el plan de carrera. A todo esto en la Gran Vía un espectador me anima por mi nombre, lo que achaco a que figura en el dorsal. Pero su cara me resulta familiar… Pienso, no puede ser Guillermo, que está en esta misma carrera. Pero sí es él, finalmente no tomó la salida. Buen amigo, ir a animar a la gente mola :-)

Pues eso, desde el km 5 mis parciales son 4’ 10”, 4’ 13”, 4’ 09”, 4’ 05” y 4’ 01”. Con ello me planto en el km 10 con 41’ 46”, 30” antes de lo previsto. Voy muy bien, y me siento muy bien, y las pulsaciones están por debajo de 170 (88% de mi frecuencia cardíaca máxima), límite psicológico que enciende mis voces de alarma si se produce demasiado pronto en competición en gran fondo.


Paso por la zona de meta, poco antes del km 9

Los km 11 y 12 no los cubro tan de prisa, los cubro en un total de 8’ 25” ( la organización “se comio” la señal del km 11). Es un parcial aceptable, pero se trataba de ir in crescendo. Así que me pongo las pilas y aprieto. Llego al km 15 con parciales de 4’ 06”, 4’ 10” y 4’ 06”, aprovechando algunas bajadas. Eso está mejor. Poco después, empiezo a notar como se forma una ampolla en el pie derecho. Hacía tiempo que no tenía ese problema. No hay otro truco que aguantar la molestia y el dolor. Tomo nota, y pienso que en el Maratón quizás vuelva a confiar en las Saucony, que nunca me ocasionaron ese problema, y ya han disputado un maratón y una media maratón. Venga, sólo quedan 6 kms y unos metros. Me siento bien que veo ya muy factible no sólo mejorar mi marca, sino cubrir el ambicioso objetivo que me había propuesto hoy.

Y sí, voy como una máquina por el litoral, aprovechando que apenas sopla viento. Al 16 llegó en 4’ 10”, hasta el 17 firmo un magnífico 3’ 57”, y luego como una maquinaria suiza, 3 consecutivos a 4’ 11”. Y además corriendo con contención, reservando fuerzas para al final. Ya estoy en el km 20! Y mi reloj señala 1:23:10. Quedan solo 1 km y 97,5 metros. No pierdo mi concentración en cálculos, pero rápidamente me doy cuenta de que si mantengo el ritmo, conseguiré bajar holgadamente de 1:28. Me siento muy satisfecho, porque me he notado poderoso durante toda la carrera, y es la primera media maratón en que no experimento una “pájara”. En todas las anteriores disputadas hasta la fecha (4) durante mi aún corta carrera atlética, siempre ha habido un par de kms en los que he bajado el ritmo de forma considerable, y luego me ha costado recuperarme.

Cruzo el km 20, y como voy sobrado de fuerzas, voy acelerando hasta la meta, y voy pasando corredores. Mi idea es ir a tope, acabar la carrera al sprint, como si fuera una milla. En las ediciones anteriores de esta Media Maratón se llega al Paseo Lluís Companys, y se corre por el centro hasta la meta, situada un poco antes del Arco de Triunfo. Este año la organización ha cambiado un poco el trazado. Al llegar al Paseo Lluís Companys se sigue por el lateral de la derecha hasta llegar a la altura del Arco, se gira a la izquierda, se atraviese el Arco y se llega a la meta desde el norte. Bien, que se suba por el lateral comporta que habrá una curva más cerrada de lo conveniente. No le doy importancia mientras la estoy rebasando, pero… De repente, lo inesperado sucede. Noto un agudo dolor punzante en el gemelo derecho, y noto como si algo me estallase dentro. Doy un grito, y cuando intento dar la siguiente zancada, no puedo. Me veo obligado a arrastrar la pierna. ¡Maldición!

Lo primero que pienso es “Adiós, maratón” (se disputa el 7 de marzo). Pero enseguida trato de concentrarme de nuevo en el presente. Que triste, apenas faltaban unos 500 metros para la meta. Para mí ha sido una total sorpresa. Hasta ahora, estaba acostumbrado a los “avisos” de los músculos. Si existían molestias, tomaba nota y extremaba las precauciones. Pero esto ha sido repentino, como un latigazo o un disparo. Ahora me veo obligado a trotar con la pierna derecha a rastras, y la subida se me hace eterna. Desespera ver como te sobrepasan decenas de corredores, muchos de ellos adelantados por mí en los últimos kilómetros. Miro el reloj una y otra vez, esperando que al menos tenga el consuelo de mejorar mi marca, a pesar de todo. Los números del crono se mueven mucho más de prisa que yo, me desespero. La gente creo que me anima, pero yo no me entero de nada, porque estoy apretando los dientes, desesperado, gesticulando y maldiciendo a gritos mi desgracia.

Me pego a la valla de la izquierda para no estorbar a los demás atletas, pero algunos no me ven y topan contra mí. Por suerte no somos bólidos de F1, y nadie resulta lastimado. Tengo tentaciones de ir a la pata coja, sospechando que iría mucho más deprisa, pero temo cansarme o lo que es peor, tropezar a caer. Así que me sigo arrastrando. Cuando entro en la recta de meta, evalúo a distancia y finalizo a la pata coja. Tiempo real,1:28:25. Marca personal, mejorando 1 minuto y 7 segundos respecto a la anterior, a pesar de todo. Mi tristeza y preocupación son tan grandes que olvido mi ritual, entrar en meta con el índice izquierdo apuntando al cielo cada vez que logro marca personal. Me da rabia, porque esta estaba siendo probablemente la mejor carrera de mi vida, en la que más a gusto he corrido y más poderoso me he sentido. Desde el km 20 hasta la meta, he invertido 5’ 15”. Si hubiese mantenido mi promedio de carrera hasta entonces, ese parcial habría sido de 4’34”, o sea, 41’ menos como mínimo. Pero teniendo en cuenta que iba en progresión, no hubiera sido nada descabellado correr ese kilómetro y pico en 4’ 23”. El tiempo final podía haber sido tranquilamente 1:27:35 en esta carrera que, si no fuera por la lesión, habría sido la más atisfactoria de mi vida, incluyendo los 3 maratones que llevo disputados hasta la fecha.


Entrada en meta

Lo que no es nada tranquilizador es la lesión. Cojeo hasta encontrar el servicio de urgencias, donde me examinan, me piden hace run par de movimientos, y como puedo hacerlos, determinan que no hay rotura, que es probable que se trate de una distensión debida al frío, y que me tome antiinflamatorios y me aplique calor en la zona afectada.

El martes voy a ver a Carles, mi quiromasajista, que me aplica una ventosa, unas hierbas chinas quemadas, y trabaja sobre la zona, localizando la lesión en el sóleo, músculo estrecho y largo, que actúa sobre el tendón de Aquiles. No tiene del todo claro el alcance de la lesión, pero tampoco encuentra ninguna “sorpresa”, como dice él. El miércoles mi médico deportivo me prohíbe deportes de impacto, y me emplaz apara quince días más adelante, 4 días antes de la maratón. No descarta que llegue a tiempo de disputarla, pero le parece demasiado justo.





Mi espíritu me dice que sí correré esa maratón. De momento, he tratado de simular mis entrenamientos de correr con otros de bici. Es duro, porque para conseguir llegar al nivel de pulsaciones requerido, hay que pedalear muy duro, seguir y seguir mientras el sudor cae a chorros, pero no queda otra… Sí, puedo, “debo” correr esa maratón. 14 semanas de intenso trabajo no pueden desaparecer así. Pero será necesario correrla “con cabeza”. Para empezar, ajustar el objetivo. Mi resultado “virtual” en la Media, 1:27:35 determina que mi potencial actual en maratón me da para hacerlo en un tiempo por debajo de 3:05. Tendré que conformarme, por prudencia, con rebajar mi marca, 3.11:22. Y lo segundo que deberá hacer será estar muy atento a lo que mi cuerpo me dicte. Si el sóleo empieza a protestar, deberé retirarme. Es preferible renunciar a esta maratón que permanecer en el temido dique seco durante varios meses. A algunos amigos ya les he confesado que si algún día por algún motivo debo dejar el atletismo, me pasaré al culturismo. Pero ese momento no ha llegado aún. Y sobre todo, no antes de que traspase la barrera de las 3 horas en Maratón. En octubre, Maratón del Mediterráneo, buscaré “cazar” el 3:05. Si tengo suerte con las lesiones, creo que en 2.012 puedo lograr mi sueño. Ya hablaremos de ello. Espero poder relataros mi maratón Barcelona 2010, la maratón del año del Europeo de Atletismo.

jueves, 11 de febrero de 2010

Japanese

El Japanese es un cocktail inventado por el americano Jerry Thomas, el considerado padre de la coctelería americana, y por eso muchas veces llamado "el Profesor Thomas". Este cocktail figura en su primer libro, “Jerry Thomas' Bartenders Guide: How To Mix Drinks or the Bon-Vivants Companion”, publicado en 1862.

Portada original del libro. Dispongo de él en versión digital (pdf) libre de derechos. Si alguien lo quiere, no tiene más que pedírmelo...

Curiosamente, la receta desapareció en su segundo libro. Y eso que en el primer libro de este maestro, la mayoría de bebidas citadas no son de su invención. Sí en cambio lo es el Japanese, delicioso cocktail más bien dulce, ideal para consumir después de una buena comida o cena. Además, combina muy bien con postres como turrón o bombones, por ejemplo.

Receta original del libro, que menciona los Bogart's bitters, deformación de su auténtico nombre: Boker's bitters.


La receta original de Jerry Thomas es excesivamente dulce en mi opinión, lo que es lógico teniendo en cuenta los gustos imperantes en el siglo XIX, más dulzones que en la actualidad. Así que yo lo preparo de la siguiente forma:

5/6 Brandy ( 10 cl)
1/6 jarabe de almendra (Orgeat) ( 2 cl)
2 golpes de Angostura
bitters
twist
de limón


Graduación alcohólica: 33,3º
Contenido alcohólico: 33 gr.
Hidratos de carbono: 13,9 gr.



Vertemos los ingredientes, excepto el limón, en un vaso mezclador lleno hasta sus ¾ partes de hielo. Se remueve y se cuela sobre una copa de cocktail helada. Finalmente, se realiza el twist de limón, que mis fieles lectores ya sabéis que consiste en cortar una tira de piel de un limón fresco, despojarla de su parte interna blanca – es demasiado amarga -, frotar con su cara exterior los bordes de la copa, enrollar la tira hacia fuera y exprimirla sobre la superficie de la bebida - con lo que los aceites esenciales con los aromas cítricos perfuman el cocktail - , y finalmente dejar caer esa tira, convenientemente preparada, sobre la copa. Cuando digo "convenientemente preparada" me refiero a que, por estética, no conviene decorar nuestro cocktail con una tira de bordes bastos e irregulares. Podemos hacer una espiral, un nudo, o incluso recortar los bordes para darle forma de rectángulo.


Por cierto que el Japanese es la excepción a la regla según la cual deben agitarse en coctelera todos aquellos cocktails entre cuyos ingredientes tengamos zumos, lácteos, cremas, jarabes concentrados o huevos (tanto claras como yemas). El Japanese preferimos removerlo en vaso mezclador para que quede más cristalino que turbio.

Y ahora, como de costumbre, hablemos de los ingredientes:

* Brandy: se trata de un destilado de vino, que suele tener 40º. Y ese es su nombre genérico, y las variedades más famosas mundialmente son Cognac, Armagnac, brandy de Jerez, y brandy de Estados Unidos (California). Personalmente suelo utilizar brandy catalán, en concreto Torres 10 años, por su gran relación calidad/precio y por sus aromas a vainilla, que lo hacen idóneo para combinar en cocktails como el Alexander o el que nos ocupa, el Japanese. A veces utilizo cognac Courvoisier (por glamour: al parecer era el favorito de Napoleón, y cuando se exilió se hizo acompañar de una buena cantidad de botellas).


Cognac Courvoisier

* Jarabe de almendra (Orgeat): el jarabe orgeat es muy similar al jarabe de almendra simple, pero guarda con este dos diferencias: el orgeat, además de almendra, debe contener una pequeña cantidad de agua de azahar, y tiene un aspecto más turbio. Yo utilizo el de la marca Monin, que es fantástico. Vale la pena incluirlo en nuestra botellería, porque es también un ingrediente clave del magnífico Mai Tai (http://nostromo-world.blogspot.com/2008/10/mai-tai.html


En ocasiones refuerzo este jarabe con una gotita de agua de azahar, pero atención, mucho cuidado que el agua de azahar es muy concentrada, y si se nos va la mano arruinaremos el cocktail. Por cierto que orgeat es una palabra de origen francés para designar el “agua de cebada”. Probablemente esa bebida evolucionó hasta incorporar almendras y agua de azahar en su elaboración…


Un par de botellitas de agua de azahar que tengo en casa. La de la izquierda muy exótica, conseguida en un bazar árabe

* Angostura bitters: ya he hablado de este amargo en numerosas ocasiones. En el Japanese, como en los buenos cocktails clásicos, aporta su peculiar toque aromático y amargo para equilibrar la dulzura del jarabe de almendra. En la receta original, Jerry Thomas utilizaba Boker's bitters, pero hace muchísimos años que dejaron de fabricarse.

botella de Boker's bitters


Twist de limón: en mi opinión, en este cocktail es de vital importancia, casi tanto como lo es en el Dry Martini o el Vesper. Los aromas cítricos balancean perfectamente el gusto dulce del jarabe. Aunque parezca que el twist es un simple adorno, para mí es tan fundamental en el Japanese que, si no dispongo de un buen limón fresco, renuncio a este cocktail y me preparo otro.

El Japanese es un gran ejemplo de coctelería clásica, sutilidad y elegancia. En su origen, un cocktail era un destilado base, azúcar y bitters. Y si acaso, alguna fruta. Aquí esas funciones están desempeñadas respectivamente por el brandy, el jarabe de orgeat, la Angostura y el twist de limón.

La receta original de Jerry Thomas es más dulce, porque la proporción de orgeat es mayor: 4/5 de brandy y 1/5 orgeat. Personalmente prefiero mi proporción 5-1 en lugar de la 4-1 original, y no descarto probar una 11-1, consiguiendo así un cocktail menos dulce aún, aunque en este caso habría que limitarse a un golpe, muy moderado, de Angostura. Si se pueden hacer Dry Martinis 11-1 (tendencia habitual hoy en día), con mayor motivo se podrán preparar Japaneses :-) Lo que es una pena es que no suele figurar en las cartas de las coctelerías, ni siquiera de las más clásicas. Un día lo pediré en el Dry Martini, a ver qué me dicen (Confío mucho en ellos, les pedí un Aviation y la barmaid prepará la receta clásica con Crema de Violetas).

Lo que no recomiendo es añadir zumo de limón o lima al Japanese. No es una barbaridad, pero la modificación es tan notable que lo habríamos transformado en otro cocktail. En lugar de preparar un Japanese con zumo de lima, os recomendaría probar una invención mía, el Vanilla Sky, que obtuvo una muy alta puntuación y fue destacado en un concurso en el que participé hace algunos años:

VANILLA SKY

3/7 Brandy
2/7 Licor de vainilla ( Licor 43, por ejemplo)
2/7 zumo de lima
1 golpe de jarabe de orgeat

Agitar en coctelera y colar sobre copa de cocktail helada. Adornar con una cereza y una ramita de menta.





Lo llamé Vanilla Sky para homenajear a Penélope Cruz, en la época en que se estreno la película del mismo título (que por cierto no he visto jamás; sólo sé que es una mala versión, a la americana, de la espléndida "Abre los Ojos"). Por cierto, al parecer Jerry Thomas bautizó el Japanese de esta manera para rendir homenaje a la delegación diplomática japonesa que había estado visitando Nueva York, y que acudió a su bar durante su estancia. A mitad del siglo XIX, esas ocasiones debían ser excepcionales, y merecedoras de que se crease una obra maestra en su honor...